Quienes ya tenemos una cuota de años a cuestas hemos sido testigos de algún pedazo de la natural (y para algunos puristas odiosa) evolución de los medios de almacenamiento de música. Algunos de los actores emblemáticos han sido el cilindro fonográfico (1877), el tradicional y querido por muchos vinilo de 45 RPM (1949), el portátil cassette (1963), el ultra-portátil CD o disco compacto (1982) y, ya por estas épocas, el intangible MP3 (1991).
Hoy por hoy, muchos quienes critican los medios digitales echan de menos la mística de tener un disco como los venerados vinilos. Y el motivo parece ser algo más que la calidad del sonido: sentarse a escuchar el album mientras se le echaba una ojeada a las carátulas y los pequeños libros que le dan un toque especial que acompaña a lo que se está escuchando.
Este trabajo artístico adicional a la música muchas veces llegó a ser parte de la conciencia colectiva de los fanáticos y los no tanto. Existen portadas inolvidables, como la de Nirvana en su disco Nevermind (esa güagua tratando de alcanzar un dólar mientras nada), las clásicas de Iron Maiden con su mascota Eddie o las de los Beatles cruzando Abbey Road.
A partir de ésto, la revista Smashing Magazine ha recopilado 100 de estas obras artísticas, las que, según ellos, son catalogadas como las más oscuras y destacables. En esta selección han decidio dejar de lado los prejuicios musicales detrás de cada gusto y enfocarse exclusivamente en el valor estético de las portadas.
Algunas de las memorables (para agrandarlas, has click sobre ellas):























cool!
La de The Roots es tremenda, y la del Pink Moon de Nick Drake es una locura. Que buenas portadas, ojalá nunca se pierda ésto en la música.